2025 | Hacer memoria para el país que queremos
Desde que publicamos nuestras primeras cuatro historias, el 28 de enero de 2017, nos propusimos que La Vida de Nos fuese un gran tapiz de experiencias en la Venezuela de hoy; un tapiz que se fuera tejiendo en el tiempo con el hilo invisible del espíritu de una Nación; un tapiz motivado por la ilusión de que cuando todo pasara —la confiscación de nuestras libertades, la crisis humanitaria, el éxodo… cuando recuperáramos finalmente la democracia—, esa urdimbre fuese la memoria viva, el testimonio coral, que permitiera comprender cómo sufrimos, cómo resistimos, cómo continuamos construyendo en esta tierra arrasada, cómo nos transformamos e intentamos, igual que el protagonista de cualquiera de nuestras historias, hacerle frente a los obstáculos y recuperar el equilibrio.
¿Es correcto decir “cuando todo pasara”? Sería como decir que ya recuperamos la democracia… pero no. En nuestro castellano, tan rico en matices, ese pasado en subjuntivo se usa para expresar deseos, dudas, situaciones hipotéticas o escenarios improbables. ¿O sería más correcto decir “cuando todo pase”, apelando al futuro también en subjuntivo para aludir a un futuro incierto o condicionado?
“La gramática mide el tiempo en experiencia humana”, dice la filóloga y profesora de idiomas andaluza Carmen Amores. “El pasado es el lugar de la interpretación y el futuro es el lugar de la expectativa”, agrega. Y sí, después de este 3 de enero, cuando Estados Unidos llegó a Venezuela con sus drones y misiles, y se llevó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores para que sean juzgados en Nueva York, los tiempos verbales —y sus experiencias— se confunden.
Algo cambió y no termina de cambiar.
Tanto ha ocurrido —fuera y al interior de cada venezolano— que este enero de 2026 parece eterno. Y a poco de terminar, en medio de ese pasado o futuro en subjuntivo, en La Vida de Nos estamos cumpliendo 9 años de haber comenzado a tejer ese tapiz y recuperar esa memoria, más ilusionados que nunca con la idea de que las 872 historias que hemos contado ayuden a comprender ese país que llegó al 3 de enero y hoy se debate entre los hechos y las expectativas.

De presos políticos, una de nuestras grandes heridas y que con los acontecimientos recientes pasó a ser un grito escuchado, hemos contado 54 historias. Nuestro primer proyecto editorial fue, de hecho, la serie Son presos políticos, nosotros también, que produjimos en 2017 y con el cual fuimos finalistas del Premio Gabo 2018 en la categoría Texto. Ahí contamos, en 8 historias, cómo para los familiares era como estar presos también; los mismos familiares que hoy el mundo está viendo en vigilias a las afueras de los centros de detención, luego de que Jorge Rodríguez —presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta interina, Delcy Rodríguez— anunciara que excarcelarían a una “cantidad importante” de privados de libertad que, sin decirlo, entendimos que se trataba de presos políticos.
Nuestro primer largometraje documental, en 2021, también fue sobre esa gran herida que el mundo no creía del todo y que hoy, Venezuela adentro, es motivo de un consenso conmovedor que puede apreciarse en las redes sociales y en la reciente encuesta de Meganalisis, con datos recogidos entre el 6 y el 11 de enero: 86,9 por ciento cree que en el país hay presos políticos y persecución, y de estos 99,1 por ciento cree que todos deben ser liberados. Ese documental lo llamamos Una palabra complicada —porque nos propusimos explorar la posibilidad del perdón— y ahí reunimos, luego de 2 años de investigación, 5 historias de represión política (entre estas, dos casos de prisión y tortura) en los primeros 6 años de Maduro en el poder.

Y así hemos contado la pérdida de la libertad de estudiantes, mujeres, periodistas, adolescentes, sindicalistas, policías, profesores, médicos, ciudadanos comunes. O la muerte en cautiverio, como la de Fernando Albán.
Pero también la luz en medio de tanta oscuridad: lo que ha hecho la sociedad civil organizada para enfrentar esta herida. Contamos los frenéticos días de los activistas del Foro Penal después de las elecciones del 28 de julio de 2024, cuando la cifra de presos aumentó como nunca. Y también cómo nació el Comité de Familiares y Amigos por la Libertad de los Presos Políticos, ejemplo de movilización ciudadana. Ambas organizaciones, junto a otras, están hoy sobrepasadas verificando las inauditables excarcelaciones que se han estado produciendo desde el 8 de enero y documentando nuevos casos que no habían sido denunciados.

Pero, así como de presos políticos, en La Vida de Nos hemos contado cientos de testimonios de violaciones de otros derechos, la crisis humanitaria, la migración —otra de las grandes heridas a la que hemos puesto rostros en decenas de historias y un largometraje documental animado—. Y también al país esperanzado y que se sobrepone. Hemos contado historias de activistas, de organizaciones comunitarias, de iniciativas individuales en todos los ámbitos, de ciudadanos lastimados que transformaron su dolor en acción social. Contamos el megapagón que dejó al país a oscuras en 2019, la pandemia, los desplazamientos internos forzados, la gesta ciudadana de recolección de las actas de escrutinio del 28J y cómo testigos chavistas en los centros electorales experimentaron perder unas elecciones y amanecer con el mismo presidente, Nicolás Maduro, supuestamente reelecto. Esta historia la llamamos “El eslabón perdido del 28J” y con 86 mil 498 lecturas ha sido nuestro texto más leído en estos 9 años.
Y no solo son las lecturas. Es la conversación que despiertan y que para nosotros constata que las historias facilitan el reconocimiento del otro, producen empatía, contribuyen con la comprensión de la realidad a partir de las emociones. Por eso solemos analizar los comentarios de lectores. “El eslabón perdido del 28J”, por solo poner un ejemplo, produjo cientos de comentarios que reivindicaban a ese otro (el chavista de a pie), humanizándolo; que enunciaban la necesidad del reencuentro y la comprensión de que la recuperación de la democracia debe incluirnos a todos.




Es una búsqueda, un propósito, y explica nuestro modo de contar que pone en el centro la condición humana: perseguimos deliberadamente producir emociones porque nuestra misión, además de hacer memoria, es contribuir con el reconocimiento entre ciudadanos. Producimos y difundimos historias que, además de ser reales, tienen a un protagonista al que tratamos con todo el respeto del que somos capaces, exponiendo las circunstancias de un momento específico de su vida que elegimos contar.
¿Y porque volvemos sobre todo esto en esta página que pretendía ser como la que publicamos en cada aniversario de La Vida de Nos, una suerte de balance del año cumplido? ¿Por qué todo este recorrido en una página que debió centrarse en 2025?
En 2025 publicamos 63 historias y 1 texto reflexivo del padre Arturo Peraza, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, sobre los desafíos de Venezuela al cumplirse un año de las presidenciales de 2024 y que hoy tiene toda la vigencia del mundo.
Como cada año, hicimos nuestra lista de las 5 historias más leídas y la encabezan 2 que fueron producidas por participantes en nuestras iniciativas de formación en periodismo narrativo: “Papi, no me quiero morir”, del joven del estado Zulia Juan Daniel Ferrer, quien hizo parte del programa Contar fronteras (una alianza con El Bus TV y Runrunes, destacada por LatAm Journalism Review como una las mejores cosas del periodismo latinoamericano en 2025) y “Una herida que se niega a cicatrizar”, de la también joven zuliana Mayreth Casanova, becaria de nuestra 4ta cohorte del Programa de Formación para Jóvenes Periodistas.
Ambos espacios formativos los orientamos a periodistas y estudiantes de comunicación social en los estados con más municipios calificados como desiertos informativos. La formación ha sido una línea central de nuestro trabajo desde que nacimos. En 9 años, por nuestros cursos han pasado 712 personas, entre las cuales han estado 235 periodistas y estudiantes de todo el país, pero en los últimos 2 años nos hemos propuesto desarrollar capacidades especialmente en las regiones más desasistidas de información, en un país que ha visto morir, en 2 décadas, más de 400 medios. También hemos incorporado la difusión offline de nuestras historias —a través de papelógrafos y círculos de lectura—, con la ayuda de El Bus TV. Ambas estrategias nos han permitido narrar el país en todos sus rincones y lograr experiencias de interacción con las audiencias más cercanas de lo que permite la difusión online.
La 3ra historia más leída, “Pudieron ver la rosa en su cuello”, contó lo vivido por uno de los migrantes venezolanos deportados de Estados Unidos al Centro de Confinamiento del Terrorismo, en El Salvador. Y cerraron la lista dos historias sobre presos políticos, la misma gran herida: una sobre el periodista Carlos Correa y otra sobre un adolescente señalado de participar en el derribo de la estatua del fallecido presidente Hugo Chávez en la plaza Bolívar de La Guaira.
Y además de nuestra labor editorial y formativa, nos ocurrieron 3 cosas significativas. La primera, haber sido parte de la #VacaMediatica, una campaña de recolección de fondos que emprendimos junto a 14 medios y organizaciones periodísticas independientes de Venezuela, que incluyó un teletón de casi 4 horas ininterrumpidas, al que se conectaron 31 mil personas. Y también fuimos seleccionados para ser parte de 2 programas: AI Product Lab (sobre inteligencia artificial, promovido por la Sociedad Interamericana de Prensa y Google News Initiative, e implementado por Marktube) y un ciclo de fortalecimiento de capacidades para la movilización de recursos con la organización colombiana Makaia, en el marco del programa Enlaza llevado adelante por Dejusticia.
Ambos programas dejaron hondas resonancias en La Vida de Nos. Siempre ganados al aprendizaje constante y la experimentación, en 2025 hicimos decenas de ensayos con inteligencia artificial en distintas de nuestras tareas habituales y procesos de trabajo. Y comenzamos a elaborar nuestras políticas al respecto, bajo la premisa de que usaremos la IA de una manera estratégica, ética y responsable, excepción hecha de nuestras historias, que seguirán siendo humanas y solo humanas.
En cuanto a la consultoría con Makaia, aprendimos mucho, repensamos nuestra sustentabilidad y echamos a andar un plan de acción que incluye, entre otras cosas, la prestación de servicios en didáctica virtual, elaboración de libros testimoniales y estudios de impacto; todos servicios sobre lo que hemos aprendido a hacer en estos años, dirigidos a organizaciones, empresas e individuos que, al contratarnos, contribuirán con que sigamos tejiendo con historias el tapiz de la Venezuela de hoy. También trabajamos en nuestra página en Patreon, con la cual convocamos a las audiencias que nos siguen y entienden que para continuar haciendo lo que hacemos necesitamos de su apoyo.
Y hasta aquí el paréntesis con nuestro balance de 2025. Solo 7 párrafos cuando debió ser esta página entera.
¿Por qué, en lugar de eso, el recorrido que lo antecedió?
Porque el 3 de enero algo cambió y no termina de cambiar.
Porque los tiempos verbales se confunden.
Porque “el pasado es el lugar de la interpretación y el futuro es el lugar de la expectativa”.
Porque queremos seguir contando al país de hoy, del cual hacemos parte —la que duda, la que clama por justicia, la que espera, la que sigue resistiendo— y, porque queríamos decirles a nuestros lectores y aliados que, una vez más, renovamos nuestros votos con la misión con la que nacimos en 2017: “Contribuir con el reconocimiento entre ciudadanos y la preservación de la memoria en Venezuela, a través de la producción y difusión de conmovedoras historias reales”.
Porque sí: no puede haber transición sin memoria.
